Tras una breve experiencia con bitacoras.com y sintiendolo mucho por tener que empezar de cero, me he mudado a una nueva dirección: http://www.perdidaenavalon.blogswith.us
En este fin de semana voy a copiar y pegar los posts antiguos (comentarios incluídos) en la nueva página. Se agradecerán vuestras visitas!!
La hecatombe más absoluta se cierne sobre mi casa. Más concretamente, sobre la cocina. Mi padre, ese hombre que cuando yo tenía 9 años un día me hizo patatas fritas, las quemó y tuvo el morro de decirme que así, crujientes y pasaditas estaban mejor, ha decidido que puede opinar en temas culinarios. Vamos, que está de vacaciones y se aburre el hombre. Ayer tal que a las 12 y pico del mediodía entró en la cocina, asomó la cabeza para ver lo que se cocía (nunca mejor dicho) y le soltó a mi santa madre: "A ver, voy a vigilar lo que le echas a ésto, porque..." No sé, por alguna razón, él cree que entiende del tema y puede meter baza.
Ya una vez amenazó con hacer paella un fin de semana para toda la familia, de hecho lo cumplió. Más o menos. En el mágico mundo de su imaginación, él era el chef e ideólogo del plato y mi madre, su pinche. En la cruda realidad, él compró los ingredientes, le dijo a ella cómo lo quería y molestó por la cocina un buen ratito, trasteando con todo y dejando un arsenal de platos por lavar.
Ay, menos mal que las vacaciones se las dividen en dos periodos de 15 días a lo largo del año, que si mi madre tuviese que aguantar esto un mes, me vería, a estas alturas, niña de padres divorciados.
Últimamente han proliferado los mails en oda a la nocilla, Oliver y Benji, la abeja Maya y otros hitos de nuestra infancia. Pero no os quiero hablar de eso. No es que a mi no me traigan buenos recuerdos pero, con tanto mail al respecto, acaban siendo un poco ñoños. Yo, hoy, 14 de febrero de 2006, Día Mundial del Corte Inglés, quiero hacerle un homenaje al año que tuvimos 17.
Sí, sí. Ese en que por primera vez nos indignamos cuando el portero de la discoteca para mayores de 16 nos pidió el DNI. ¿Cómo podía ser que ese individuo no distinguiese entre un piolín de 15 años, o incluso un recién llegado a los ansiados 16 y toda una mujer de 17 años?
¡17, nada menos! Ese cumpleaños en el que todas las tarjetas hacían referencia a nuestra cercanía a la mayoría de edad. ¡¡Con decirte que eras de los mayores del insti, sin contar a los repetidores!!
Por eso, en un año tan importante, hay elementos que son imprescindibles para que una lo saboreé y lo aproveche a tope:
1. Toda chica de 17 debe tener su propio CIQPU (siglas de "capullo integral que pasa de una"). Si tú no lo tuviste entonces, amiguita, estás perdida. A los 30, conocerás a tu CI con una edad proporcional... Y tendrás que quedártelo para siempre jamás porque la alopecia empieza a atacarle y ya no pasa de tí. Ni de ninguna. Un CIQPU clásico es el más chulo, ya que es el más guapo de su casa. Sí, lo habéis adivinado. Es hijo único. La intensidad de tu cuelgue es directamente proporcional a las ansias que él sentirá por enrollarse con todas las tías del universo. Con todas, menos contigo. Si alguna chica que actualmente pasa por semejante trance estuviera leyendo ésto, quiero dejarle un consejo que ojalá hubiesemos recibido todas a tiempo. Los artículos de la Ragazza en plan "hazte la dura para que caiga en tus redes" son basura. ¿Estás colada por tu CIQPU? ¿Sí? Pues él lo sabe. Y sus amigos gilipollas, también. Hay bastantes probabilidades de que os liéis. Durará poco. Hazme caso, mejor. Una noche, después de un par de años, te lo encontrarás en un bar. Y te darás cuenta de que está igual que siempre, sólo que tu ahora lo ves fuera de la óptica del enchochamiento. Justo ahí es cuando te das al alcohol para olvidar la vergüenza (propia y ajena.)
2. Éste elemento es unisex. Todo 17añero de pro encuentra una nueva
afición que ilumina su vida y le sorbe el cerebro: el fútbol, internet, la música, el cultivo de cáñamo, etc. A los demás, si vamos a ser sinceros, no les interesa. Que uno hable de ello continuamente no mejora la situación. Tu madre te aguanta porque te ha parido (pero se plantea llevarte a un psicólogo) y tus amigas, porque tú aguantas sus nuevas aficiones (pero te planteas llevarlas a un psicólogo.)
3. Toda chica de 17 se enamora platónicamente de un actor/ cantante/ deportista/ presentador, etc y hace el imbécil en consecuencia. Lo triste es que te consideras una fan adulta. Las que hacen locuras son las más jóvenes. Luego, te das cuenta de que las cosas que te parecían tan normales sólo lo son si lo comparas con una bomba hormonal de 13 años. Con el tiempo, repasas tus hazañas y sientes una doble vergüenza: por un lado, por el hecho en sí (que ya suele ser de traca) y por otro, porque ya no tienes el desequilibrio hormonal como excusa. No hagáis como que vosotras no hicisteis algo así. Tú fuiste a ver Titanic al cine 7 veces. Tú dormiste una noche en la calle para estar en primera fila en un concierto de Bisbal. Y tú, que odias el fútbol, te tragaste un mundial de principio a fin sólo porque jugaba Julen Guerrero. Éstas son sólo una introducción muy light. Si miras dentro de tí, te darás cuenta que has hecho cosas que hacen que se te caiga la cara de vergüenza sólo con acordarte. ¿Sabes? Cosas que si tu mejor amiga le contase a alguien que te conoció ya más mayor y tiene buena opinión de tí, servirían como atenuante en caso de juicio por el asesinato de la susodicha amiga.
4. Toda chica de 17 está segura de tener ya controlado el tema del alcohol. Ahí, confiada, es cuando se coge una merluza de tamaño gigantesco, aprovechando ese día para encontrarse con toooodos los amigos y conocidos. Es tan grande la ocasión, que pasarán los años y los años y todo el mundo seguirá acordándose.
5. Toda chica de 17 sufrirá la crisis del agujero negro en la hucha. Un día, al llegar a comer, te encuentras a tu madre con tu hucha encima de la mesa y los brazos en jarras. Perdón, no me he explicado. Tu hucha con telarañas por dentro debido a llevar meses deshabitada encima de la mesa y los brazos en jarras. Entonces llega una batería de preguntas sobre las causas de tu situación financiera y a dónde ha ido a parar el dinero de la paga de los abuelos. No pretendas explicarle a tu progenitora lo caros que son tus intentos cosmético-estilísticos para atraer al CIQPDU, el dinero que traga tu afición, lo poco económico de las entradas de conciertos y sobre todo, sobre todo, nada de hacer referencia a la porción de pasta que se lleva tu ruta alcoholica del fin de semana. No hay que ceder a las provocaciones por su parte. Todo lo que digas podrá ser y será utilizado en tu contra. Tarde o temprano, soltarás la frase estrella en estos casos: "Es que... no me dí cuenta" y ella te dirá su frase lapidaria, haciendo daño donde sabe que duele: "Si es que tienes casi 18 y estás peor que cuando tenías 4 años."
En fin, que ese año en que tuvimos 17 es memorable y no por cosas para enorgullecerse. La parte buena es que recuerdas los CIQPDU de tus amigas, sus aficiones absurdas, sus amores platónicos y sus borracheras memorables y los tuyos propios, así que de vez en cuando os lo pasais bomba riéndoos de vosotras mismas por separado, o en grupo. Fue ese año en que estabamos entre la adolescencia y toda una adultez. Justo al borde de la universidad unos y el trabajo por primera vez, otros. Cuando , como mucho, tardabas en ver a tus colegas lo que tardaba en llegar fin de semana. Ahora algunos se han ido a trabajar o estudiar a otro lado, otras se han echado novio o salen con otro grupo de gente y algunos, hasta se han enfadado entre sí. Pero en el fondo, cuando sólo han pasado unos pocos años, te das cuenta de que por lejos que estén, siempre vas a tener un sitio en el corazón para los que te acompañaron en el camino durante ese año tan especial. Y es que es muy dificil no recordar siempre a alguien con quien has hecho taaaaanto el ridículo.
PD: Para Saray, Inés, Lily, Lety, Ro, Pau, Laurita, Maku, Noe (que llegó a los últimos coletazos de los 17, pero aún a tiempo) y todos los demás, que saben quien son.
A los que ya estaban frotandose las manos como beneficiarios de mi testamento, decirles que no será está vez, jeje. Sin ánimo de ser desagradable, cuento qué tal me fue.
Mi madre y yo perdimos el bus porque se me había olvidado la bufanda en casa y tuve que volver. Así que ella se puso histérica, ni que viviésemos tan lejos, oye... Bueno, llegamos con bastante tiempo. Me llamaron y me devolvieron el pendiente que había dejado allí el día de la radiografía (joder, qué cabeza!!!). Entonces el dentista me enseñó la anestesia. Yo he visto las agujas con las que les ponen inyecciones a las vacas y los caballos y sólo eran un poquíiiiiiiiito más pequeñas. Con el paladar dolorido y media boca dormida, poniendo cuidado en no babear, le dije al dentista: "Ésto, normalmente......... jejeje, ¿sale bien, no?" Vale, si era un manazas, no me lo iba a decir él mismo, pero sólo por interesarme por el tema. Simplemente.
La muela puso oposición a dejarse sacar porque parece ser que estaba muy arriba. Al tercer intento, le resbaló el instrumental y fue a parar a mis dientes y encías de abajo (que eso sí que no estaba anestesiado). Es muy dificil gritar cuando alguien tiene las dos manos en tu boca, pero yo me las arreglé. Como a la quinta intentona, la dichosa muela se dejó quitar. Entonces me hicieron un zurcido que riétete tú de los cuadros a punto de cruz de mi tía. Salí de allí con la bufanda tapándome la boca, que no se sabía si me dirigía a mi casa tras una operación, o a la autopista a quemar neumáticos con los de la naval.
Finalmente llegué a casa, todavía medio drogada con la anestesia y tuve a mi santa madre persiguiendome toda la noche para que me comiese un yogur porque tomar antibiótico sin haber comido nada antes para ella es pecado mortal.
Resultado final casi 24 horas después del suceso: tengo dolorida toda la zona y creo que mi lengua es demasiado grande o está torcida hacia el lado de la ya desaparecida muela. Entre las 6 de la tarde de ayer y hoy he comido un total de dos yogures, 1 flan y tres croquetas. Creo que sobreviviré. Prueba superada.
¿¿¿JUICIO YO??? Que va, que va... Mira bien, a ver si va a ser la radiografía de otro...
Así empezó todo. Y no. No era la radiografía de otro. Eran mis propias muelas del juicio reclamando una extracción urgente. El dentista, muy amable, y por alguna extraña razón, creyendo que eso me iba a tranquilizar , me dijo "Es sólo una pequeña operación". Ese fue el momento exacto en el que me levanté de sopetón de la silla esa que te tiene medio tumbada al grito de: ¿¿¿¡¡¡CÓMO OPERACIÓN!!!??? ¿Yo? ¿¿A mí?? ¿¡Por qué!?
En fin, que como hace dos años me sacaron las dos de abajo, pensaba que ya estaba todo superado... Hasta que el mundo en general decidió contarme las enormes dificultades para sacar las muelas del juicio de arriba por falta de accesibilidad y demás. En serio, si queríais contarme historias para no dormir, yo habría optado por la de la muerta de la curva. Lo de la dentista novata que rompe la muela en un montón de trozos y sale corriendo en busca del profesor, lo de aquel hombre al que le tocaron el nervio y sufrió dolores horribles durante un mes, lo de los puntos que se infectan y la hinchazón post-operación... podíais haberoslo ahorrado, ¿no, guapinos?
Pues eso, que hoy a las 8 me sacan una muela del juicio. Si no vivo para contarlo, me gustaría legar mis apuntes a mis compañeros de clase (por si les sirven de algo); mi camiseta del centenario a Pablo; mi colección de tonti-películas infantiles-adolescentes a Noe; mi bandera de Asturias a Laura, para que sigamos hermanando pueblos; la enorme colección de música pirateada del emule a mi prima Noelia; todas las fotos chorras de nuestros años juveniles y felices a Inés, Lily, Lety y Ro y mi colección de fotos de Aitor Ocio, a Lorena. Queda dicho. Jeje